Una vida en Guinea Bissau

Una vida en Guinea Bissau

He vivido toda una vida en este lugar, para quienes requieren de fechas puedo sorprenderlos con que la estadía fue mes y medio.
Aún estoy aquí, por lo que prorrogo estos aprendizajes llenos de sentimientos por doquier.
Había estado viajando por diferentes países, especialmente estos últimos 3 años.
Todos me han dejado impronta y me han exigido reflexiones para vivir en coherencia. Pero es aquí donde he encontrado más interrogantes conmigo misma y con este mundo conformado por tamañas culturas tan dispares y próximas.
Esta es tierra rica en recursos, en gente noble y leal, en fuerza y alma. Y quizás sea esta suma la que te insta a observar, preguntar y vivir en intensidad. Se confronta el día cargado de actividades con la noche ya cálida de sueños y pensamientos.
No fue un viaje buscado, creí; sin embargo, mi alma me llevó a conocer a María en mi ciudad, donde estaba a la espera, con mis comodidades, después de unos meses de cierto reposo.
María me mostró el camino a mirar de otra forma, una mirada integral, más allá de los ojos.
Rehacer mi estructura mental, siempre deseosa de expandirse. Darle información de otras formas de vida, de otros sentidos comunes; mirar con una perspectiva más global.
El apego aquí se torna a la tierra, a la esencia, al mundo.
Cada uno de mis días están embelesados por historias y sentimientos; siempre hay un vínculo emocional, espiritual y mágico.
El primer día, con el cansancio de tránsitos aéreos que conocemos bien las mochileras y mochileros, conozco a Auxi, Arancha y Bebe.
Personas voladoras, ejemplares y generosas.

Auxi: Una profesora de profesorado, acicate de quienes deben enseñar y no tienen herramientas. La educación aquí es muy precaria; no importa a quien gobierna.
Una imagen donde se ausenta la formación de maestros y maestras, escuelas derruidas, años sin libros, butacas soñadas o encerados rogados. Mujer poderosa y querida, dadivosa en arengas para que la educación parta de la escuela a la comunidad.
Como integrante de la ONG ha conseguido lo que decían imposible, que el Ministerio reconociera su abulia. Pero “Miradas al Mundo” idea caminos donde no se pensaban.

Zazu: Una artista que colorea a las personas, atrae a las almas, ama a lo grande y desborda alegría. Espero sienta su fuerza como nos la hace sentir. Hay diosas que sólo se ven desde el otro. Y esta brilla sin remanso.

Bebe: Y él, la sonrisa perpetua. El ducho en habilidades múltiples; hacedor de pozos de agua potable, de riegos y paneles solares, de carpinterías, fontanerías y transportes. No hay nombre que albergue tanta capacidad de trabajo. Aunque su mayor cualidad para el que lo conoce poco es su generosa luz, limpia y bondadosa.

Días más tarde, topo con Ana en el camino. Mujer sabia que conoce como traspasar lindes terrenales. Médica de antaño y abuela del futuro. Madre de madres y belleza de espíritus.Mi compañera en cocina, en habitación y maestra de vida.

Y Valentina, mi visión. Ánima femenina, premonición, guerrera atemporal, comunitaria, energía afín que me engrandece. Es lucha y calma, es esencia que emana de lo holístico y confiere coherencia a la humanidad.

 

Me encuentro entre almas puras en un lugar paradisiaco para quienes venimos de tránsito, ypodamos comprar un billete si enfermamos. Comunidades de personas generosas, enraizadas en lo fundamental (o lo que yo he comprendido aquí a llamarle así), que viven de una forma diferente a la mía y la de otras y otros. Gente de la que tengo que aprender, a la que miro con vehemencia, como una madre numerosa que ansía de aprender para mejorar la vida de sus vecinas y vecinos. O la de las ancianas que se ríen con soltura mostrando su ser quebrado de trabajos muy duros, pero ni estos las humillan. Henchidas de honor van a clase por las noches.

Un lugar sin hospitales, donde las muertes no conocen causas.

La electricidad y el agua potable se pide en cada ruego.
Las necesidades son muchas, no sé si tantas como sus bondades.

Y es en esta organización donde he encontrado esa capacidad infinita del bien saber hacer humano.
Con una misión incrustada en sus entrañas se entrega a mejorar la vida.
Da trabajo a la comunidad, enseña con sus conocimientos, dota de materiales, abre caminos de autonomía (fundamental) y está aquí.

Aquí es su lugar, el de la organización y el de María. Aquella mujer que conocí en mi ciudad y que con su energía, consiguió que en el mismo día en que la escuchaba hubiese un billete de avión imprimiéndose con mi nombre.
Una mujer sin parangón, la Nebedai (Moringa).
No sé cual tiene más propiedades medicinales: si la mujer o este superalimento.

Miradas al Mundo me enseña a seguir mirando sin imposibles.

Lorena Marrozos