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El viernes un socio de Miradas, Jesús, me hizo un regalo maravilloso, el cual me hizo muchísima ilusión, un libro: «Los ángeles de Wukro». No me pude aguantar y empezé a leerlo y devorar sus hojas (os lo recomiendo), recordar esos días que pasé allí, con esos niños, con Angel Olarán a mi lado e intentándome empapar de todo lo que sucedia a mi alrededor.
El libro, me cuenta todas esas conversaciones que quedaron pendientes con Ángel por falta de tiempo, no para de trabajar en todo el día y robarle un minuto de su pequeño descanso te parece un pecado, por lo cual cuando leo el libro y Ángel en cada linea explicando la vida de esos niños es como estuviese allí.
La mezcla de indignación, rabia, impotencia que siento al leer cada historia, hace que me duela el corazón. Siento rabia ante el mundo que aparta su mirada de tanta injusticia, me veo rodeada de gente que le da igual que los niños no tengan para comer, que se mueran de una diarrea, y que el precio del cereal sirva para especular, les da igual… y por más que tu les cuentes la crueldad de la que somos responsables, esos, tus amigos no te escuchan y miran para otro lado, tantas veces me tengo que dar la vuelta por no gritar y decir que nuestro propio EGOISMO es lo único que nos importa, si hay una absurda crisis (porque absurda es, si comparamos nuestras vidas con las de esos ángeles) y todo el día quejándonos de lo que sube todo, pero solo porque no podremos gastarnos este mes 300 euros en ropa.
Pero África está muy lejos y no tiene interés para nadie y como alguien muy cercano me contestó un día, hablando de la absurda crisis de este país, por culpa del desaforado consumismo… «sube mucho la comida, cualquier día no tenemos para comer», y yo contesté: «en África los cereales han doblado su precio y allí si es una realidad que no tienen nada para comer.
CONTESTACIÓN: PERO ELLOS YA ESTAN ACOSTUMBRADOS A PASAR HAMBRE.
Ante una reflexión asi mejor intentar olvidarla…

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