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Sigo en Maputo, esta noche truena y el tiempo amenaza con cambiar, seguro que muchos con alegría le dan la bienvenida a las lluvias, ésta, como no, se hace de rogar y los campos están tan secos que lo poco que está plantado como no llueva se perderá.
En este sin fin de experiencias que te dan estos viajes, quisiera compartir algunas con vosotros, nunca sabremos lo dura que puede ser la fortaleza humana y hoy como no, me ha sorprendido, como podemos vivir en condiciones tan extremas y tomando la decisión la propia persona.
Hoy hemos ido a visitar un centro de monjas en Maputo que llevan 2 monjas españolas, una de ellas tiene 38 años y desprende todo el cariño que nos podamos imaginar al cuidar de 80 personas mayores que han dejado sus familias allí abandonados y otras veces mendigos que encuentran en la calle viviendo en las peores condiciones que nos podamos imaginar.
Una de esas personas encontrada en la calle es una mujer que tiene lepra, cuando las monjas la recogieron y la llevarón al centro ella no queria vivir en el propio centro pues siempre había vivido en un chamizo de paja de 2 metros donde solo cabe una esterilla para tumbarse. 
Las monjas hicieron un chamizo como el suyo para que se quedara y ella duerme allí y allí pasa sus días, no quiere que la curen y ella misma con tierra se hace sus propias curas, le llevan comida pero a veces ellas descubren que caza ratas o víboras y las prepara con fuego y las come. Tan solo le pide a la monjita un poco de tabaco que las mujeres mascan y ese cariño que ella le demuestra hace que nos reciba con una gran sonrisa. Vive como un animal pero ella así se encuentra segura, es como ha vivido siempre y es su voluntad, es sorprendente su fortaleza, es una pura superviviente y ni tan siquiera su enfermedad puede con ella y como siempre en África, te queda grabada su SONRISA

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