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«Desde Etiopía me llega un correo que es un grito de dolor, aunque esté escrito con palabras serenas. Lo firma el misionero Ángel Olaran, que lleva años trabajando en Wukro, cerca de la frontera con Eritrea, donde la malnutrición es una enfermedad crónica. Ángel suplica ayuda para conjurar la amenaza de otra hambruna en las zonas donde que el año pasado sólo llovió cuatro días (El correo es el que os adjuntamos en el S.O.S.)
Hace años que conozco, admiro y quiero profundamente a Ángel. Siempre me ha fascinado su constante constatación de que ‘si no se acaba con la pobreza es porque no interesa hacerlo’. A quienes deseen conocer su combate contra la miseria y el abandono recomiendo el libro ‘Ángeles de Wukro’, de Mayte Pérez Báez (editorial Kailas), un relato conmovedor sobre las gentes con quienes el padre Olaran ha decidido compartir su vida. En sus páginas se recogen opiniones que el misionero expresa con esta claridad meridiana: ‘Resulta muy difícil entender y aceptar la ceguera de la Madre Iglesia ante los gritos de horror y de angustia de los que padecen las peores consecuencias del hambre sufriendo las consecuencias del orgullo nauseabundo de los amos del mundo; y aquí es donde más se echa en falta su voz profética. ¿Cómo una Madre puede ser tan insensible a ese grito que rasga a la humanidad?’
Mayte apostilla: ‘Duros juicios en boca de un sacerdote. Pero la realidad de Wukro es cruda e impone su dramática intensidad sobre los dogmas. Porque resulta doloroso y vergonzante contemplar los daños producidos por un sistema que ha reemplazado los valores morales universales por las implacables leyes del mercado, causando efectos devastadores sobre la vida de los seres humanos más débiles, al globalizar y ampliar las desigualdades económicas en vez de reducirlas´»
Vicente Romero
Periodista de RTVE

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