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Caminando entre la injusta pobreza te das cuenta de lo frágil que es la vida. Me encontré con una niña en el camino, no debía tener más de 12 meses, su mirada estaba muy triste y apagada, era como si le faltase la vida… y lo triste es que realmente era así… tal vez en poco tiempo ella ya no estaría allí, su vida se irá apagando del todo.
Tenía una gran hernia umbilical, la miré y sonreí para intentar cambiar la tristeza de su rostro, pero no lo conseguí y observé sus piernas tan delgadas, con la piel pegada a sus huesos y unos brazos tan mínimos. Sufría una severa desnutrición que se la estaba llevando o quizás ¿ya se la había llevado?.
En ese momento me llamaron, tenía que continuar y pensé ¿Qué hago yo con esta niña?. Lo más duro fue darme cuenta de que no podía hacer nada, tenía que seguir mi camino… La realidad era que para intentar salvarla (si eso era posible) tendría que quedarme allí mucho tiempo, 2, 3 meses… y sólo disponía de unos minutos Como duele tener que partir sabiendo que esa vida se apaga y llevándome además la rabia de saber que nuestro primer mundo sigue mirando hacia otro lado.
Lo peor de todo es que la escena se va repitiendo en cada tramo del camino.
María.

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