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Gulu, norte de Uganda, zona con 20 años de guerra contra el ejército Rebelde de Liberación, rebeldes que se llevaban a los niños y niñas de las aldeas para alistarlos y adiestrarlos, realizando verdaderas masacres.
Tan sólo hace 2 años que están en paz, los rebeldes se encuentran en Sudán, no tienen ni siquiera la seguridad de que cualquier día vuelvan y el terror regrese a sus vidas.
Domingo 23 de Agosto de 2.009
Hoy es domingo, como país cristiano, Uganda celebra hoy el Día de Señor. Estoy sentada fuera de la catedral de Guru, escucho los cantos de la gente dentro de la catedral que está a rebosar.
Tal vez, hoy le pidan a Dios un atisbo de esperanza para sus vidas, para sus hijos, para su país.
Yo hoy también quisiera pedirle por ellos, con todas mis fuerzas, no sé si El existe, no sé cual es mi fe, es difícil sentirla viendo tanta injusticia, pero necesito pedir y gritar que deseo un mundo más justo, el que pueda visitar sin sentir una gran angustia en mi pecho cada segundo.
Ayer fue un día muy duro, en mis viajes a África siempre hay cosas que me superan en algún momento, no es lo mismo conocer la desgracia que palparla y abrazarla.
Conocimos a alguien maravilloso, el Hermano Comboniano italiano Eliot, él nos llevó desesperado al orfanato del que se hace cargo desde la muerte de la persona que estaba al frente. Había unos 100 niños que sonreían y buscaban nuestras manos, ese contacto humano que tanto les faltaba.
Después fuimos al hogar de los niños inválidos y en ese lugar dejas de sentir tu corazón.
Helen es una mujer de 36 años con 6 hijos y está en una silla de ruedas sin moverse. Hace 4 años cuando estaba en su aldea llegaron los rebeldes, la violaron y la mutilaron con un corte en la espalda que la ha dejado en una silla de ruedas.
Me acerqué a ella para acariciarla y fue tanto el cariño que me transmitió que terminamos fundidas en un gran abrazo. No puedo borrar de mi memoria su sonrisa de agradecimiento, tan sólo por un abrazo. En esos momentos te das cuenta que los gestos más sencillos son los que están llenos de mayor riqueza humana. Estuvimos un rato intentando comunicarnos y el brillo de nuestros ojos y nuestra sonrisa era nuestro mejor lenguaje.
Luego tenemos a Philip, un niño de 12 años que no aparenta más de 7. No puede doblar sus piernas ni sus brazos. Sentadito en el suelo parece como si en vez de extremidades tuviese una tijera.
Su sonrisa te cautiva, sin hablar no deja de sonreír, le di un caramelo y cuando a la media hora me pidió si nos hacíamos una foto juntos, al acercarme me susurra en inglés «por favor tienes otro caramelo Vela Donna”.
Había niños que han encontrado en la calle, arrastrándose como gusanitos y otros que directamente han venido del hospital tetrapléjicos al haberse caído de un mango, al que se suben para coger fruta o minas antipersonas que los han dejado sin piernas…
Niños con espina bífida o epilepsia muy graves.
Si ya es duro ser niño en África, ¿Os podéis imaginar la crudeza de las vidas de estas personas en una silla de ruedas o sin poderse valer por si mismos?
María.

Helen y Maria.
Philip

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