Compartir en redes sociales

Desde Wukro, uno de esos rincones del mundo que no existen para nuestros medios de comunicación, vuelve a escribirme el misionero Ángel Olaran. Me pide que dé gracias a cuantos respondieron a su grito de socorro con alguna aportación. Y que cuente que, gracias a ellos, se va a paliar el desastre anunciado.
‘Hemos conseguido 230 toneladas de semillas, escribe Olaran, pero aún están a 1.400 kilómetros de distancia. Los contratos de compra se hacen por fax, con los inconvenientes y retrasos que conlleva. Esperamos que, en 7 días las tengamos aquí. Esta tarde salen 2 personas, una de la administración y la otra de nuestra institución a comprar trigo por 200.000 euros, transporte incluido. Aún sigue entrando más dinero. Y seguiremos comprando más, aunque posiblemente tengan que ser de una especie que necesite menos agua, ya que los días van pasando y se acerca más el fin de las lluvias.’
Un año más, el cielo etíope está siendo cicatero y las precipitaciones son tan escasas como desiguales: ‘A penas caen unas pocas gotas, prosigue el misionero, que ni siquiera se llevan el polvo de la carretera; ayer veía labrar a un agricultor y el arado levantaba polvo a su paso.’ Por eso, los campesinos se esfuerzan para que no se pierda una gota. Y el padre Olaran impulsa un pequeño plan de rehabilitación de torrenteras, mediante zanjas y bancales que retengan el agua. ‘No hay ingenieros ni aparejadores que se ocupen de dirigir los trabajos, pero nuestros campesinos demuestran conocimientos muy sólidos, asegura Ángel, y consiguen que el agua no se pierda por esos campos de Dios, sino que se quede en sus terrenos. Las tres cuartas partes de los trabajadores son mujeres, y esta tarea les ofrece un pequeño salario para sacar adelante a sus familias. En esta época de carencia de alimentos, eso supone un importante respiro.’
Vicente Romero (RTVE)
Fuente: blogs.rtve.es/vicenteromero

Compartir en redes sociales