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Ya estamos en la aldea de D´Embanje supervisando todos los proyectos.
La furgoneta se encuentra ya en Senegal. El viaje está siendo bastante accidentado, las cosas están muy complicadas y la tentación de poner trabas y conseguir dinero fácil está a cada paso del camino.  Esperamos que en varios días llegue por fin a Guinea.
Por aquí, de nuevo las cosas que se pueden complicar… se complican. Ya debería haber empezado la época de lluvias, pero no llueve. Los campesinos no pueden cultivar ni el arroz ni el cacahuete y se pasan el día rezando al cielo para que comience a llover. Está todo inusualmente seco.
Seguimos viendo con que facilidad se tuercen las cosas en la vida de la gente.
Titina tiene 20 años, le encanta estudiar y también trabaja mucho. Es un refente para las jóvenes; decidida, emprendedora, sonriente, amable… 
Sueña con terminar sus estudios y poner una tienda. Su madre sufre desde hace unos meses una enfermedad mental imposible de tratar aquí y Titina dejó los estudios para cuidar de ella, de la casa y de sus hermanos. Su mirada está triste porque sabe que posiblemente su futuro será muy distinto al que había soñado.
Satu es de una aldea cercana y la mejor alumna de la escuela de D´Embanje. De mayor quiere ser enfermera o maestra. Hace tiempo que Miradas la tiene becada porque su familia no podía costear los estudios. Cuando llegamos, se acercó a saludar, pero su cara estaba sería y triste.
Jerga me comenta que está con mucho dolor de huesos en la zona de la cadera y que durante los últimos meses la tienen que traer en bicicleta a la escuela porque tiene mucho dolor al caminar.
Fuimos a hablar con Jon, su padre, un hombre que trabaja de sol a sol para sacar adelante a su familia. Cuando termina su jornada da clases de apoyo a sus hijos en casa con una linterna y una pequeña pizarra. Es un ejemplo de persona, adora a sus hijos y hace lo imposible porque tengan un futuro mejor.
Jon nos contó que Satu lleva varios años enferma y que vendió su plantación de cacahuete y parte del anacardo para llevarla a hospital de Gabu y Bafatá. Tienen que hacerle placas, pero en estos hospitales no tienen máquinas y debería llevarla a Bissau, pero ya no le queda dinero ni nada que vender. 
Le preguntamos por qué no nos lo había dicho antes y nos dijo que ya estábamos haciendo mucho por ellos, los pozos, las becas, las huertas y que su Dios no le permite pedir cuando ya recibe tanto. 
Sólo tiene palabras de agradecimiento y que por mucho que quiera a su hija no puede pedir más, que sería abusar ¡Que lección de humildad! !Qué capacidad de sacrifio!
Hemos decidido que en cuanto Jerga regrese de Varela, acompañará a Satu y a Jon a Bissau y nos haremos cargo de los gastos del hospital.  
Os iremos contando…
Un abrazo desde este rincón de África.
María. 

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