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Parece increíble que en pleno siglo XXI sea un lujo poder tener acceso a una educación básica, incluso viviendo en la capital de un país. Esto ocurre en Bissau, en el barrio donde vive Jerga, que no está muy lejos del centro. 

Alrededor de 300 niños asisten todos los días a un espacio-aula, cedido por un vecino donde el mobiliario está compuesto de tan sólo 2 pizarras. Se dan clase a cuatro niveles a la vez (primero, segundo, tercero y cuarto).

Los que ejercen de profesores son un padre y su hijo y reciben un pequeño salario que aportan los padres. Cada niño paga 500 cenas al mes (0,80 €).  Los padres hacen un gran esfuerzo para que sus hijos aprendan porque tienen la esperanza de que la educación les ayude a tener un futuro mejor. Saben que en en ellos está la esperanza de poder cambiar su futuro.

Es alucinante saber que esta «escuela» donde los niños apenas caben, que no tiene paredes, ni mesas, ni sillas… está considerada como una de las mejores de la capital y todos los padres quieren que asistan a ella.

Vamos a intentar ayudarles un poco, levantando las paredes y poniendo suelo, para que los críos estén en mejores condiciones y que los profesores puedan atenderles mejor. 

Esta escuela y la vocación de los dos profesores es un buen ejemplo de lo importante que es la actitud, por encima de todo.

Un abrazo desde Bissau.





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