Miradas Conscientes. Un regalo para conocerse.

Miradas Conscientes. Un regalo para conocerse.

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Lo mío no es escribir, pero María, el alma de Miradas al Mundo me pide si puedo
aportar una pequeña crónica de mi vivencia en África con la ONG.

Bueno…. ahí voy.

Descubriendo… Me.

El Primer día fue un choque importante. Salir del aeropuerto de Barajas y aterrizar
en Guinea Bissau… Uff. Para mí fue impactante. Todo te sorprende, casi no hay
carreteras, ¡son caminos! y sembrados de socavones, el tráfico de la ciudad
parece no tener ley, no hay luz en las calles…

No sé, supongo que cuando llegas a un país así te dejas influenciar mucho por lo
que traes de tu cultura, eso de mirar en demasía lo de fuera y compararlo todo con
lo que tienes. A medida que pasas tiempo en África, menos te centras en esos
estímulos externos y más lo que hay dentro de cada uno de nosotros.

Cuando eres capaz de mirar más allá, mirar dentro de ti y centrarte un poco en las
personas y la cultura que te rodea, lo que más te sorprende de allí es su conexión
con la naturaleza y su GENEROSIDAD pese a no tener casi nada. Ni agua en muchos casos.


Te dan todo lo que tienen, viven en comunidad y de la tierra… Recuerdo una
curiosa conversación en la que decían, que el hombre blanco era superior.
¿Superior? Siiii… en su esfuerzo por destrozar el planeta y amargarse la vida casi
sin ayuda, en comprar cosas que no necesita gastando dinero que no tiene para
agradar a personas que ni siquiera conoce. En eso sí que les llevamos años de
ventaja.

 

África… un lugar del que aprender, donde crecer y conocerse.

 

Lo curioso de África es que te da la opción de poder descubrirte.
Descubrir que puedo aportar más de lo que aporto al mundo. Que pasé 10 días sin
prácticamente nada, sucio y sudado, y aun así sentía paz. Nadie te juzga. Puedes
ir lleno de polvo y con los pantalones rotos, que cuando se crucen contigo te
saludarán y sonreirán.

Había tiempo para plantar árboles, hacer yoga, ir a buscar mangos para
desayunar, bañarse en la playa, meditar, tumbarse a la sombra, riendo sin pudor
con un montón de niños a los que ni siquiera entendía, o ir a dentro de uno mismo
y encontrar un trozo de ese puzle que va componiendo tu vida.

 

De África vengo más completo, importándome menos lo que piense los demás,
importándome menos el dinero y más las relaciones, importándome menos lo
material y más lo humano.

En definitiva… de África, vengo más despierto. Más libre!

Abel Cebrián


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